¿Qué es la transexualidad?
La transexualidad es una disforia de género, es decir, un desacuerdo profundo entre el sexo biológico y el sexo psico-social, o dicho de otra forma, entre el sexo con el que se nace y aquel otro que la persona siente como propio.
La opinión de la siquiatría oficial es que se trata de un trastorno, un síndrome profundo que causa un gran malestar, e intentan buscar las causas en determinados desarreglos de hormonación durante el embarazo o en alteraciones de la conducta durante la infancia.
La transexualidad se da en ambos sexos. Las estadísticas sin embargo hablan de más hombres que se sienten mujeres que al revés: aproximadamente uno de cada 50.000 hombres se siente mujer y una de cada 100.000 mujeres se siente hombre.
Siempre se ha confundido la transexualidad con la homosexualidad. Todavía hoy hay mucha gente que piensa que una persona transexual es un gay. Esto, sin embargo, no es así. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Un hombre que se siente mujer y se quiere cambiar de sexo es en realidad una mujer heterosexual. Pero también hay transexuales que, una vez cambiado su sexo, se sienten atraidos/as por personas de su mismo sexo. La transexualidad es una cosa y la orientación sexual otra.
El cambio de sexo pasa por varias etapas: una primera de estudio sicológico, para poder establecer con claridad que la persona es transexual, y no otra cosa (trastornos de personalidad, estados intersexuales, etc.); una segunda de hormonación (en el hombre que cambia a mujer aparecen las mamas y se producen otros cambios menores; en la mujer que cambia a hombre aparece la barba, el vello y cambia la voz); y una última de intervención quirúrgica, que puede ser más o menos completa (amputación de las mamas y creación de un pene a partir de la vagina, y vaginoplastia o reconstrucción de una vagina a partir del pene). Todo ello se puede completar con intervenciones plásticas, educación de la voz, etc.
La mayoría de los y las transexuales, sin embargo, no se someten a la intervención quirúrgica de genitales. Porque tienen miedo, porque resulta muy caro o, simplemente, porque no quieren. Pero, aunque no hayan modificado sus genitales, sienten que pertenecen al sexo que desean. Porque el sexo sico-social se considera predominante. La genitalidad, tan profundamente arraigada en nuestra cultura occidental judeo-cristiana, se ve cuestionada claramente por la transexualidad. Y también las definiciones de sexo, de género, de identidad, de rol sexual.
Hay algunos países europeos que incluyen los procesos de cambio de sexo entre las prestaciones gratuitas o semigratuitas de sus sistemas de sanidad pública. Algunos regulan algunos aspectos del cambio de nombre y sexo en los documentos de identidad. También el Parlamento Europeo aprobó en 1989 una Resolución en la que se pedía a los estados miembros que hicieran un esfuerzo por acabar con la marginación que sufren las personas transexuales. Lo que sólo ha sucedido en muy pocos casos.
Andalucía aprobó en febrero de 1998 la inclusión de las operaciones de cambio de sexo entre las prestaciones gratuitas del Servicio Andaluz de Salud. En Euskadi se ha presentado en el Parlamento una proposición por parte de Ezker Batua para conseguir esto mismo y adoptar una serie de medidas que acaben con la marginación de los y las transexuales proposición que fue aprobada parcialmente, sufriendo un importante recorte mediante una enmienda, finalmente aprobada, presentada por los partidos del gobierno. El Congreso de los Diputados está tramitando actualmente una proposición de ley presentada por el Grupo Socialista, admitida inicialmente a trámite en el Senado, que va a sufrir importantes recortes a tenor de las enmiendas presentadas por el Grupo Popular, que dejará prácticamente sin contenido el proyecto inicial, ya de por sí bastante cuestionado por las asociaciones de transexuales.
Pero no sólo se trata de la gratuidad de los procesos completos de cambio de sexo. Algo muy importante para las personas transexuales es conseguir el cambio de nombre y sexo en su partida de nacimiento, en su carné de identidad, en todos sus papeles, aun antes del cambio quirúrgico de genitales. Lo contrario genera discriminación social, marginación laboral, frustración personal.
La opinión de la siquiatría oficial es que se trata de un trastorno, un síndrome profundo que causa un gran malestar, e intentan buscar las causas en determinados desarreglos de hormonación durante el embarazo o en alteraciones de la conducta durante la infancia.
La transexualidad se da en ambos sexos. Las estadísticas sin embargo hablan de más hombres que se sienten mujeres que al revés: aproximadamente uno de cada 50.000 hombres se siente mujer y una de cada 100.000 mujeres se siente hombre.
Siempre se ha confundido la transexualidad con la homosexualidad. Todavía hoy hay mucha gente que piensa que una persona transexual es un gay. Esto, sin embargo, no es así. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Un hombre que se siente mujer y se quiere cambiar de sexo es en realidad una mujer heterosexual. Pero también hay transexuales que, una vez cambiado su sexo, se sienten atraidos/as por personas de su mismo sexo. La transexualidad es una cosa y la orientación sexual otra.
El cambio de sexo pasa por varias etapas: una primera de estudio sicológico, para poder establecer con claridad que la persona es transexual, y no otra cosa (trastornos de personalidad, estados intersexuales, etc.); una segunda de hormonación (en el hombre que cambia a mujer aparecen las mamas y se producen otros cambios menores; en la mujer que cambia a hombre aparece la barba, el vello y cambia la voz); y una última de intervención quirúrgica, que puede ser más o menos completa (amputación de las mamas y creación de un pene a partir de la vagina, y vaginoplastia o reconstrucción de una vagina a partir del pene). Todo ello se puede completar con intervenciones plásticas, educación de la voz, etc.
La mayoría de los y las transexuales, sin embargo, no se someten a la intervención quirúrgica de genitales. Porque tienen miedo, porque resulta muy caro o, simplemente, porque no quieren. Pero, aunque no hayan modificado sus genitales, sienten que pertenecen al sexo que desean. Porque el sexo sico-social se considera predominante. La genitalidad, tan profundamente arraigada en nuestra cultura occidental judeo-cristiana, se ve cuestionada claramente por la transexualidad. Y también las definiciones de sexo, de género, de identidad, de rol sexual.
Hay algunos países europeos que incluyen los procesos de cambio de sexo entre las prestaciones gratuitas o semigratuitas de sus sistemas de sanidad pública. Algunos regulan algunos aspectos del cambio de nombre y sexo en los documentos de identidad. También el Parlamento Europeo aprobó en 1989 una Resolución en la que se pedía a los estados miembros que hicieran un esfuerzo por acabar con la marginación que sufren las personas transexuales. Lo que sólo ha sucedido en muy pocos casos.
Andalucía aprobó en febrero de 1998 la inclusión de las operaciones de cambio de sexo entre las prestaciones gratuitas del Servicio Andaluz de Salud. En Euskadi se ha presentado en el Parlamento una proposición por parte de Ezker Batua para conseguir esto mismo y adoptar una serie de medidas que acaben con la marginación de los y las transexuales proposición que fue aprobada parcialmente, sufriendo un importante recorte mediante una enmienda, finalmente aprobada, presentada por los partidos del gobierno. El Congreso de los Diputados está tramitando actualmente una proposición de ley presentada por el Grupo Socialista, admitida inicialmente a trámite en el Senado, que va a sufrir importantes recortes a tenor de las enmiendas presentadas por el Grupo Popular, que dejará prácticamente sin contenido el proyecto inicial, ya de por sí bastante cuestionado por las asociaciones de transexuales.
Pero no sólo se trata de la gratuidad de los procesos completos de cambio de sexo. Algo muy importante para las personas transexuales es conseguir el cambio de nombre y sexo en su partida de nacimiento, en su carné de identidad, en todos sus papeles, aun antes del cambio quirúrgico de genitales. Lo contrario genera discriminación social, marginación laboral, frustración personal.
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